lunes, 22 de abril de 2019

¡CRISTO, NUESTRA PASCUA, HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!




El Rey Victorioso, triunfante se levanta de la muerte y rompe las cadenas de miedo que maniataban al Hombre desde el fatídico día de la Caída en el Paraíso.

Como un huracán destruye todo a su paso, así derrumba Él las puertas del Hades y le abre a Adán y a su descendencia las puertas del Cielo, el Cielo eterno que desde esa Noche Santa comenzó a existir: la bienaventuranza perpetua, la inmortalidad humana, la Vida para siempre, sin luto, sin llanto, sin dolor ni necesidades, sin fatigas ni pesares.

En la cruz fue vencida la muerte y las huestes infernales tiemblan y braman ante el poder del Único y Verdadero Pantocrátor, El diablo se sabe perdido, creyó vencer a Cristo con la humillación, pero su propia arma se volvió contra él y ya no tiene dominio ni él ni la pérfida muerte sobre nosotros. Cristo ha roto de una vez y para siempre las cadenas del mal.

¡ALEGRÍA, ALEGRÍA! ¡ALELUYA, ALELUYA!


Dios nuestro, ¡qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

¡RESUCITÓ!

Dejó la tumba vacía, dejó a la muerte vencida. Y a los que creemos en Él, la tumba nunca nos detendrá, seremos levantados con poder.

¡NO TENEMOS YA MIEDO! Él es la vida que tanto anhelamos; en su Nombre Santo está el sentido de la existencia por el que tanto nos fatigamos buscando. No hay más respuesta que su nombre: Jesús.

Nos ha dado vida y vida en abundancia y nuestros cuerpos resucitarán también el el último día.