Para muchos, es bien conocida la leyenda del Judío Errante, cuya inspiración nace a partir del Evangelio de Juan en el que se menciona a ciertos personajes que al presenciar el suplicio de Jesús le negaron la ayuda o le mostraron desprecio, pero hay uno específicamente que, aunque no se menciona en el texto bíblico, ha tomado relevancia para el nacimiento de esta leyenda.
El personaje del que hablo, se negó a darle un poco de agua al sediento Jesús que se dirigía al lugar de la Crucifixión. Por tan vil comportamiento, Dios lo condenó a errar por el mundo hasta la Segunda Venida de Cristo.
Más allá de que hay quienes han visto en esta historia un intento de narrativa antisemita, pues el judío errante vendría a representar la diáspora de los judíos como consecuencia de haber sido ellos los culpables de la muerte del Redentor (visión que no comparto), veo en esta leyenda mi propia persona. Y, en seguida explico por qué.
Profeso la fe católica por convicción de la razón y del corazón. Y la Iglesia me ha dado el tesoro más grande y eterno que es posible recibir: la Buena Noticia de la Salvación, que Cristo ha muerto por mis pecados ¡LOS MÍOS!, pero no se ha quedado en la Muerte, ha resucitado, y por sus heridas he sido curado de la Muerte que también me gobierna cada vez que peco, que Él, al dejar la morada de los muertos me ha liberado de la prisión en la que me encontraba, que cuando yo era reo de muerte recibí sin merecer Su misericordia y se da a mí todos los días, todo el día, porque me ama y me ama incluso cuando yo más lo desprecio. Y es que eso soy, un errante, digno de desprecios y burlas, uno que anda sin rumbo por el mundo, pero que se encuentra con Aquél que lo libera. A diferencia del Judío Errante, este Católico Errante, Rodrigo, no necesita esperar la Parusía, porque la Salvación es hoy, es ahora. Y mientras voy errabundo en este mundo fugaz, Cristo me libera, Cristo me ama, Cristo ilumina cada dimensión de mi vida y me da el Espíritu Santo como prenda de esperanza y vida eterna.
Y así como Dios me ha mostrado su amor a través de Su Hijo Jesucristo, hoy, ahora, Él te ama a ti, querido lector, aunque andes por la vida igual que yo, errabundo y en el infierno de la soledad.
¡CRISTO VENCIÓ, CRISTO RESUCITÓ, CRISTO VIVE, CRISTO REINA!


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