viernes, 30 de noviembre de 2018

Las tres venidas de Cristo


San Bernardo, abad, en uno de sus sermones habla acerca de las tres venidas de Cristo, la primera: en el portal de Belén, la tercera: al final de los tiempos; y la segunda: la actual, aquella que se hace presente a cada instante en su Iglesia peregrina en este mundo.

Cristo ya viene y lo inminente de su venida tiene que ver con la muerte del cristiano. Cuando ésta nos visite, contemplaremos el rostro de Dios y Él le pagará a cada uno según sus obras y conforme a Su infinita misericordia. Por eso, la muerte para el cristiano no es sinónimo de dolor, ni frustración; es más bien gozo porque se manifiesta como el paso que nos permite el encuentro total con Cristo, quien nos ha liberado del pecado y de la muerte eterna y nos ha dado una dignidad, haciéndonos hijos de Dios Padre.


En el tiempo de Adviento que se avecina es eso lo que conmemoraremos, que el Señor viene a cada uno, en el Pan de la Eucaristía y en todos los acontecimientos de nuestra historia, y un día nos llamará a su encuentro definitivo. Puede ser hoy, puede ser dentro unas semanas, unos meses, años o muchas décadas. Pero su venida es segura, pues Él es el dueño de nuestra vida y somos sólo pasajeros en este mundo fugaz.

Por tal motivo, nuestra actitud frente a la muerte debe ser la de San Francisco, quien la bendecía llamándola "hermana Muerte":
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:
bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.
Pidamos a Dios por una santa muerte, para ir al cielo, en donde habrá no habrá llanto ni fatigas ni dolor, porque el Señor enjugará toda lágrima de nuestros ojos.



lunes, 26 de noviembre de 2018

Se avecina el tiempo de Adviento


El próximo domingo 2 de diciembre inicia un tiempo que da inicio al año litúrgico en la Iglesia, el tiempo de Adviento.

Es un período de 4 semanas en las que los cristianos esperamos la venida del Señor. El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado.

Hay cantos muy apropiados para el Adviento y es mi deseo, ya que también soy cantor, compartir aquí una colección muy bonita e interesante de música que inspira a la espera del Señor.




martes, 13 de noviembre de 2018

La felicidad no depende de nadie ni nada fuera de ti (II parte)


Comparto, para continuar con la reflexión del post anterior, otro extracto del libro La felicidad es una tarea interior del jesuita John Powell:
Una de las razones por la que muchos de nosotros confundimos las fuentes de la felicidad son los denominados mensajes parentales, que son los mensajes de quienes han influido en nuestra infancia. Llegamos a este mundo buscando respuestas, y las respuestas que obtuvimos durante los primeros años de nuestra vida se grabaron de manera indeleble en nuestras memorias. Y ahora, durante todo el día e incluso mientras dormimos, esos «mensajes parentales» resuenan en nuestro interior.
Una de las preguntas que el corazón humano está haciéndose constantemente es la siguiente: «¿Qué me hará feliz?» La mayoría de las respuestas que recibimos cuando éramos niños no eran verbales, sino que nos las transmitían mediante actos, porque aprendemos viendo, no a través de las palabras. Es probable que hayamos observado a nuestros padres preocupados, y así aprendimos a preocupamos; puede que les hayamos oído discutir acerca del dinero, y de ese modo llegáramos a la conclusión de que el dinero es esencial para la felicidad; pudimos haber notado en sus palabras, en su lenguaje corporal y en sus expresiones faciales una dependencia excesiva de los demás, de modo que extrajimos la conclusión de que los otros pueden hacemos felices; cabe la posibilidad de que escucháramos acusaciones como «Me estás volviendo loco», y, por lo tanto, concluyéramos que los demás pueden también volvemos locos a nosotros; que, en apariencia, pueden hacemos felices o infelices, enloquecemos o alegramos, hacer nos sentir seguros o asustados. También es posible que hayamos interiorizado el viejo tópico: «Si tienes salud, lo tienes todo». En otro tiempo, me consideraba un pensador independiente; pero, a medida que voy envejeciendo, voy siendo más consciente de la importancia que tienen en mí y en mi vida esos «mensajes parentales», y tengo que analizarla y revisarla constantemente.

Uno de los mensajes que resuenan de modo continuo en la mayoría de nosotros es el de la «comparación». Desde el momento en que nos presentaron en público, nos han comparado con otros. «Se parece a su padre»; «Se parece a su madre»... Los aspectos que se comparan habitualmente son: 
- la apariencia física;
- la inteligencia;
- el comportamiento;
- y los éxitos. 
Por supuesto, siempre había otros más guapos, más inteligentes, mejor educados y que tenían más éxito; y puede que nuestros padres y profesores nos los hayan puesto como ejemplo: «¿Por qué no puedes ser así?»; «¿Por qué no lo haces tan bien como tu hermano?»; «Si te peinas el flequillo hacia abajo, la gente no se dará cuenta de lo ancha que es tu frente. Estarás más presentable».... De este modo, a la mayoría se nos ha enseñado a compararnos con los demás. Y todos los especialistas coinciden en que la comparación significa la muerte de la verdadera autosatisfacción. 
La trampa de la «competitividad» es ligeramente distinta. Dentro y fuera del colegio nos han enfrentado a los demás y, por supuesto, a ellos contra nosotros. Competíamos por calificaciones académicas, por premios deportivos, por popularidad, por pertenecer a «grupos»... Pero, por desgracia, el resultado de esas tempranas luchas y competiciones ha dejado en la mayoría cicatrices para toda la vida. Y, pese a ello, muchos seguimos compitiendo; lo único que cambia posteriormente en la vida son los símbolos del status. Todavía se nos hace la boca agua ante los signos y sonidos de la gloria. En nuestro interior, la verde cabeza de la envidia gime: «Si yo tuviera ese aspecto...»; «Si a mí se me ocurrieran todas esas cosas tan inteligentes.. .»; «Si tuviera una finca como esa. ..»; «Si ganara todo ese dinero...» Pero ni siquiera nos aproximamos; y, en todo caso, la cercanía sólo cuenta en algunos juegos. En la competición, todo el mundo pierde.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La felicidad no depende de nadie ni nada fuera de ti




Quisiera compartir en la entrada de hoy un extracto del libro La Felicidad es una Tarea Interior, autoría del sacerdote jesuita John Powell, que nos habla de nuestro afán de felicidad y de cómo lo satisfacemos de manera errada. Lo dejo a continuación:

A pesar de la desilusión que hemos experimentado con lo exterior, nunca miramos en nuestro interior para encontrar lo que buscamos. Tal vez tenía razón Dag Hammarskjöld cuando dijo que somos grandes exploradores del espacio exterior, pero muy poco hábiles explorando el espacio interior. Quizá nos haya ofuscado el maremoto de publicidad que nos inunda y nos asegura que seremos felices si compramos y usamos determinados productos: tendremos buen aspecto, daremos buena impresión, oleremos bien...; en suma, conduciremos por las autopistas de la vida con una feliz e imprudente despreocupación. Estos reclamos publicitarios quieren hacemos creer que la felicidad no es más que una multiplicación de placeres.
De modo que nos hemos endeudado consumiendo todos los productos portadores de felicidad. Y, sin embargo, continuamos «llevando vidas de silenciosa desesperación». No hemos sido capaces de sacar partido a las estimulantes promesas de felicidad. Hay un chiste sobre una joven vendedora de perfumes a cuya espalda había un gran anuncio que decía: «¡ESTE PERFUME LE GARANTIZA QUE USTED CONSEGUIRÁ UN HOMBRE!» Una solterona se acercó al mostrador y preguntó con cautela a la dependienta: «¿Está realmente garantizado que se consigue un hombre?» y la joven respondió: «Si estuviera realmente garantizado, ¿cree usted que yo pasaría aquí ocho horas al día vendiendo este perfume?» 
¿No será, sencillamente, que en materia de felicidad «antes se llena el papo que el ojo»?; ¿se trata de un simple caso de expectativas no realistas? No creo que sea tan sencillo. Lo que ocurre, en mi opinión, es que buscamos la felicidad en lugares equivocados. Ciframos nuestras esperanzas en otras personas y en objetos que, sencillamente, no pueden satisfacerlas. Yo tengo en el espejo, encima del lavabo, un mensaje para recordarme a mí mismo lo siguiente: «Estás viendo el rostro de la persona responsable de tu felicidad». Y cada día estoy más convencido de que así es.

martes, 6 de noviembre de 2018

Creaturas todas del Señor, ¡bendecid al Señor!

Hoy el post es visual, agradeciendo a Dios por las maravillas de su creación. La belleza y la sublimidad de lo creado es un milagro patente cada día ante nuestros ojos. Nosotros mismos somos parte de esa creación y somos la obra perfecta de las manos de nuestro Padre Dios.

Disfrutemos de estas preciosas fotografías.
































viernes, 2 de noviembre de 2018

Afán de dinero versus limosna


Vivimos en un mundo con un ritmo tan acelerado que se adelanta a los acontecimientos de la vida, que compite por alcanzar el éxito (o lo que esa palabra significa para muchos) en el futuro más cercano que se pueda. Pasamos por encima de nuestro bienestar, de nuestra salud física y emocional y no nos importa. Llegamos a la vejez llenos de dinero en la cuenta bancaria, hartos de lujos y objetos estorbosos e inútiles y con la vida hecha pedazos por alcanzar una felicidad que no la encontraremos en ninguna cosa o persona de este mundo.

Cuántos sentimientos de ansiedad, cargas psíquicas, conflictos internos, divisiones familiares y preocupaciones inservibles quedarían reducidas a poca cosa si sólo nos hiciéramos conscientes de que el dinero no nos hace felices y que el afán por conseguirlo a todo costo es el origen de todos los males humanos (Cfr. 1Tm 6, 10).

En el espectro opuesto está la caridad, manifestada a través de la limosna, que cubre multitud de pecados (Cfr. 1 Pe 4, 8), es el antídoto contra el materialismo y aporta más beneficios a quien la da que a quien la recibe. Por eso, si alguno se acerca a nosotros a pedirnos una mano de ayuda, podemos tener la certeza de que es Dios mismo quien recibe la ofrenda y la recompensa será infinita, con abundancia en esta tierra y con vida eterna en el mundo venidero.

Hay quienes viven en condiciones deplorables, sus derechos básicos han sido violentados, la pobreza extrema les corroe el cuerpo y el espíritu. No podemos simplemente quedarnos callados ni inmóviles ante la tragedia de tantos hijos de Dios que han sido despojados hasta de su dignidad. Somos injustos si permanecemos impávidos frente a la miseria de nuestro prójimo.

"... Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a mí... En verdad les digo que cuando lo hicieron a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí me lo hicieron." (Cfr. Mt 25, 35-39).


jueves, 1 de noviembre de 2018

Un santo triste es un triste santo


Para quienes tenemos entre nuestras particularidades individuales tener un poco de temperamento melancólico y otro tanto de flemático, en ocasiones resulta difícil disfrutar de los días buenos. Los sufrimientos que, incluso, pueden ser realmente poquísimos e irrelevantes afectan más profunda y negativamente a algunas personas y los sucesos plácidos y satisfactorios de sus vidas suelen ser tomados con poco peso o no se disfrutan a plenitud. Esto hace parte de los misterios que cada persona debe iluminar a lo largo de su existencia terrena. Sin embargo, hay días tan felices que hasta al hombre más melancólico se le hace difícil ignorar.


He introducido mi post de esta manera porque hoy es un día para estar feliz. Y el centro de esta felicidad radica en la reflexión de ayer sobre la maravilla inefable de la Redención, que ha venido a nuestra carne y se ha hecho vida en muchas personas que se han abandonado a la voluntad de Dios: los santos; personas como tú y como yo que en cada tiempo, de toda raza, lengua y lugar, han sabido gozar de las alegrías del cielo sin tener que esperar el momento de le muerte, desde el hoy, desde su vida aquí en este mundo pasajero. Entre ellos hubo unos más flemáticos, reflexivos y sobrios, otros más dicharacheros y expresivos, algunos con tendencias más emocionales, otros con espíritus más graves. La lista podría resultar eterna, porque santos ha habido con todo tipo de personalidad. Pero una cosa los caracterizaba a todos: eran felices; y su alegría venía de Cristo, de saberse salvados por Él. Si los miramos bajo el lente de la lupa humana, eran sólo hombres y mujeres pobres, limitados, como se dice coloquialmente, "hechos de la misma pasta de las que estamos hechos tú y yo", tenían también un corazón de carne, padecían también todas las necesidades de nuestra humanidad. La diferencia con los que aún nos embadurnamos con el fango del mundo y con lo que nos ofrece la carne y el demonio, es que ellos vivieron la alegría de la salvación hasta las últimas consecuencias, sin que les importaran las privaciones, los sufrimientos, incluso pagar las consecuencias de sus pecados, que también pecaban, pero su pecado era la oportunidad para correr de nuevo a los brazos de Dios que, como un Padre Bueno, los esperaba para hacerlos dormir en Su regazo.

Hoy estoy feliz y tengo ciertos motivos que explican esa alegría que me embarga. Algunos los he entreverado en las líneas de arriba, otros permanecerán in pectore. Termino mi post diario con este bello poema que se ha tomado como himno para las II Vísperas de la Solemnidad de Todos los Santos, autoría de Gustavo Adolfo Bécquer, mi escritor español favorito.

"Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros. 
Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros. 
Almas cándidas, Santos Inocentes,
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños de su lado
rogadle por nosotros. 
Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros. 
Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates
rogadle por nosotros. 
Vírgenes semejantes a azucenas
que el verano vistió de nieve y oro
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros. 
Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros. 
Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros. 
Soldados del Ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a Aquél que vive y reina entre vosotros".
(G. A. Bécquer).