Siempre me ha parecido curioso, al mismo tiempo que profundamente diciente, que la simbología cristiana haya relacionado a Cristo con el símbolo del pelícano.
Desde los primeros siglos del cristianismo se pensaba que el pelícano alimentaba a sus polluelos con su sangre y trozos de su propio cuerpo, así como el Señor Jesús en la Eucaristía.
Esta interpretación se dio porque esta ave debajo el pico tiene una bolsa en donde coloca el pez una vez que lo ha pescado. Cuando regresa a su nido apoya enérgicamente el pico contra el pecho para sacar las provisiones de comida para sus crías. Los antiguos, observando este procedimiento, imaginaron que el ave se lastimase a sí misma para alimentar los pequeños pelícanos hambrientos, transformándola en símbolo del sacrificio completo de sí mismo.
Eusebio, en el comentario al Salmo 101 (en el versículo 7), habla de un pájaro (que podría ser un pelícano), de esta manera: "mientras la serpiente, mata a las propias crías, el pelícano se levanta sobre el nido y se lastima el pecho hasta sangrar, haciendo caer el sangre sobre los pajaritos muertos que de esta manera vuelven a la vida".
A mediados del siglo XIII, Santo Tomás de Aquino compuso un himno llamado Adoro te devote (te adoro con devoción), por petición del Papa Urbano IV. Una parte del himno dice lo siguiente:
"Pie pellicane, Iesu Domine, me immundum munda tuo sanguine.
Cuius una stilla salvum facere totum mundum quit ab omni scelere".
Lo que traduce:
"Oh, Señor Jesús, buen pelícano, límpiame a mí, inmundo, con tu sangre.
Pues con una sola gota puedes liberar al mundo entero de sus crímenes".
De hecho, se afirma en algunos bestiarios medievales (Bestiario editado por Ignacio Malaxecheverría en Siruela p. 115 ss.) que el pelícano es un ave caracterizada por barrenarse el pecho con su propio pico para alimentar (o revivir) a sus propias crías; análogo al modo en que Cristo derramó su sangre por la salvación de los pecadores.
Yendo más adelante en la historia, en el siglo VII escribió el poeta Angelus Silesius:
"Despiértate, cristiano muerto, fíjate, nuestro pelícano te riega con su sangre y con el agua de su corazón. Si la recibes bien … al instante estarás vivo y con buena salud".
No es raro, tampoco, ver al pelícano en sustitución al ave fénix que renace, resucita como Lázaro ante el salvador. Sin duda alguna es una de las referencias clásicas del amor de Cristo el género humano.
Siguiendo la bella interpretación de este símbolo, podemos decir que así como los polluelos de los pelícanos no pueden vivir sin el alimento que les da el pelícano, de la misma forma los cristianos no pueden vivir sin el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús, quien se ofreció en la cruz para nuestra salvación.
Hoy hago una oración para no echar en saco roto la Gracia del Cordero Inmolado, de este Pelícano Bueno que me compró a precio de sangre para librarme del pecado y de la muerte.
Hoy hago una oración para no echar en saco roto la Gracia del Cordero Inmolado, de este Pelícano Bueno que me compró a precio de sangre para librarme del pecado y de la muerte.
"Él fue herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz y con sus llagas hemos sido curados" (Is 53, 5).






















































